lunes, 29 de octubre de 2012

DISCURSOS ACTO INAUGURACIÓN CURSO 2012-13 CENTROS FPA DE L´ALACANTÍ

El pasado miércoles, día 24 de octubre, tuvo lugar en el Club Información de Alicante, el Acto de Apertura del Curso 2012-2013 de los Centros de Adultos de la Comarca de L´Alacantí, en el que participaron profesores y alumnos de todos los centros de adultos de la comarca.

La presentación corrió a cargo de Pau Blanes, Director del centro de CFPA Tómbola, coordinador del acto.


También participó en el mismo, D. Vicente Díaz, Inspector de Educación y profesor de la Universidad de Alicante, que ofreció una interesante ponencia en la que destacó el papel de la educación y la formación permanentes en el desarrollo personal y social de los ciudadanos.

Asistieron al acto, en calidad de invitados, D. Jorge Cabo, Director General de Centros Docentes de la Consellería de Educación, Formación y Empleo, y D. Antonio Ardid, Concejal de Educación del Ayuntamiento de Alicante.

Amenizó la jornada el actor y humorista local Rubén Padilla.

Se ofrecen a continuación los textos correspondientes al discurso de apertura y la ponencia desarollada posteriormente.


PRESENTACIÓ ACTE APERTURA CURS 2012-2013 - PAU BLANES
Amics i amigues,
Bona vesprada a tots i moltes gràcies per acompanyar-nos avui en l’acte oficial d’apertura del curs dels Centres de Formació de Persones Adultes de la Comarca de l’Alacantí. A tots voldria agrair-vos la vostra presència avui ací, i especialment a Jorge Cabo, Director General de Centres Docents de la Conselleria d’Educació, qui, des de València, ha vingut a acompanyar-nos esta vesprada.
Encara que no ho semble, ací estem representant avui a una comunitat educativa que supera les 4000 persones. 4000 persones que es matriculen cada mes de setembre perquè senten una inquietut per saber més, per formar-se i per créixer com a persones.
Uns volen treure’s el graduat en ESO, altres volen accedir a la Universitat, altres volen aprendre Informàtica i altres Valencià o Anglés. Però tots ells amb un rerefons comú: el creixement personal i l’afany de ser persones més íntegres.
No hi ha cap dubte que l’Educació per a Adults està canviant a marxes forçades. Ho està fent al mateix ritme que canvia la societat en què vivim. Aquells grups de persones que s’alfabetitzaven i aprenien hàbits d’estudi fa uns anys, i que encara avui continuen als nostres centres, estan deixant pas a grups d’alumnes generalment més joves, amb el somni d’incorporar-se al món laboral buscant qualsevol eina com a enllaç entre ells i un treball digne. Generalment alumnes que han fracasat a l’institut i busquen una segona oportunitat; eixe ansiat graduat en ESO que, potser, els òbriga alguna porta. O aquells que, després de 5, 10 ó 20 anys treballant, s’han vist aturats i busquen noves vies de reinserció, reciclant-se i formant-se novament. Per ells i pel seu futur, no puc deixar de proclamar la importància i el paper fonamental que avui tenim els centres d’adults dins del sistema educatiu.
El mes de desembre de l’any passat, el centre d’Adults que tinc la satisfacció de dirigir, va ser guardonat a Madrid per la Federació d’Usuaris i Consumidors Independents com un dels 20 centres finalistes d’un concurs estatal que tractava temes de consum responsable. L’alumna guardonada va pujar a l’escenari i va improvisar textualment les següents paraules: “ los que estamos hoy aquí, no hemos venido por casualidad. Cada uno de nosotros tiene un papel distinto que cumplir en la sociedad, y eso es lo que nos une como estudiantes y nos distingue de aquellos que no sienten esta inquietud”. Doncs voldria fer valdre aquestes paraules per animar-vos a continuar lluitant pels vostres objectius. Nosaltres, els vostres professors, vos ajudarem cada dia, com si de fills, germans o pares es tractara.
Permitiu-me citar un paràgraf de Robert Gessner perquè puguem reflexionar a partir d’ell: diu així: “concibo la educación de personas adultas como […] la cooperativa para una enseñanza […] cuyo objetivo principal es descubrir el sentido de la experiencia; una búsqueda del espíritu que se remonta hasta las raíces de los prejuicios que guían nuestra conducta; un método de aprendizaje que establece un lazo entre la educación y la vida y, por consiguiente, hace de ella una experiencia llena de aventuras”.
Com ja estic estenent-me massa i esta vesprada no em toca parlar a mi, vos presente al nostre convidat d’avui: es tracta d’una persona amb una vinculació continuada i patent amb el món de l’ensenyament. Llicenciat en Filosofia i lletres, ha sigut professor de secundària des de 1979, director del centre de Formació Professional nº5 d’Alacant des de 1983 a 1985, any en què accedix al cos d’Inspectors d’Educació a la DT d’Alacant, des d’on és Coordinador d’algunes comarques i des d’on accedix a ser Cap del servei d’Inspecció des de 2003 fins 2007. Ha participat activament i ha col·laborat en diferents
llibres i publicacions, així com en el desenvolupament normatiu de la LOGSE o la LOCE. Ha participat en nombrosos Congresos i Jornades organitzats pel Ministeri d’Educació. Col·labora habitualment amb el diari Información amb articles sobre assumptes educatius i des de 2009 és professor de la Universitat d’Alacant amb dedicació al màster del professorat de secundària.
És per a mi un plaer i una satisfacció deixar-vos amb les seues paraules. Rebem amb un fort aplaudiment a Vicente Díaz Rodríguez.



PONENCIA D. VICENTE DÍAZ
EL VALOR DE LA EDUCACIÓN, LA PASIÓN POR APRENDER
Me van a permitir una licencia doble: adaptaré para la ocasión una cita de M. Prévost (“el corazón tiene la edad de aquello que ama”), para dar un sentido más apropiado a estas palabras de J. Semprún: “No debemos pensar solo en el mundo que dejamos a nuestros jóvenes, sino en los jóvenes (y no tan jóvenes) que dejamos a nuestro mundo”.
Pensar en ello nos permite llegar a 2 conclusiones. La primera, educar es la actividad fundacional de la especie humana, a la cual habría que definir como la que educa a sus crías. Esto es lo que nos caracteriza como especie.
Como dice J. A. Marina, “la evolución biológica se ha prolongado con la evolución cultural, cuya esencia es la educación”. La segunda conclusión, educar es la actividad más alta de la inteligencia humana. Así, fomentar el talento de los individuos y de las colectividades, la inteligencia triunfante individual y colectiva, es nuestra mejor tarea. Aprovecho para subrayar algo que, pese a resultar obvio, cuesta ser reconocido: no debemos educar para obtener solo buenos resultados escolares, sino para obtener buenos resultados vitales, durante y después de la escuela. Y, los buenos resultados vitales precisan del compromiso de tod@s con la educación a lo largo de toda la vida.
Ya que hablamos de la educación como el cuidado del talento de los individuos y de las colectividades, convendría que aventurara qué debemos entender por talento. Talento, dice el profesor Marina, es la inteligencia triunfante. Es pues, la inteligencia en acto, resuelta, es decir, capaz de resolver los problemas y avanzar con resolución. Incluye la idea de excelencia, de logro, de eficacia. Por cierto, a la vista de tantos sobresaltos amenazando nuestro merecido bienestar, pareciera que el talento escasea por doquier más de lo que fuera menester. Pero, vuelvo al asunto. Puesto que hay muchas inteligencias diferentes, puede haber también muchos talentos distintos –musicales, científicos, atléticos, literarios, artísticos, etc...-, cada uno de los cuales supone un especial tipo de destreza, competencia se dice ahora. No todos valemos para todo. Einstein fue un científico genial, un mal violinista y un pésimo bailarín. Al igual que un servidor, sobre todo eso de bailarín. Así es la vida. El papel de la educación
es lograr que el talento especial que cada uno tiene “tire” del resto de los talentos, que aquello que nos hace especialmente talentosos estimule a los otros en los que resultamos más mediocres.
La grandeza y especificidad de la tarea de educar tal vez se entienda mejor si les cuento una historia, un relato que estimo muy adecuado para lo que estamos hablando. Una historia que escuché recientemente al profesor Marina. Ocurre en una ciudad castellana en que se estaba construyendo una catedral. Un paseante curioso se acerca al lugar donde trabajan los canteros.
Se acerca a uno de ellos y le pregunta:
- Y usted, ¿qué está haciendo?
- Sudando con esta maldita piedra, fastidiado por este sol y este trabajo tan duro y aburrido.
El paseante se acerca al segundo cantero, ocupado en la misma tarea.
- Y usted, ¿qué está haciendo?
- Lo que me han mandado. Tallar esta piedra para un muro que estamos haciendo.
El curioso se acerca al tercer cantero, que hace lo mismo que los anteriores.
- Y usted, ¿qué está haciendo?
- - ¡¡¡Estoy construyendo una catedral!!! –responde entusiasmado.
Todos los que participamos en los procesos educativos –profesores, estudiantes, directivos- estamos construyendo una catedral, colaborando en el grandioso proyecto de mantener la humanidad de nuestra especie, de garantizar el futuro, de edificar un mundo habitable, y eso libra a nuestras acciones diarias de la insignificancia y el sinsentido. Con la pequeñez de nuestras acciones estamos creando un mundo, haciendo realidad una utopía: cuidar del talento de los jóvenes (y no tan jóvenes, insisto) que dejaremos a nuestro mundo.
La educación, pues, se convierte en la gran esperanza. Pero, debemos tener muy presente que la educación es un proceso social, nadie se educa solo, necesita más individuos, de organizaciones educadoras. Ya conocemos el proverbio africano que dice: “Para educar a un niño se necesita toda una
tribu”. Y lo que, intencionadamente, añade el profesor Marina, “para educar bien a un niño se necesita una buena tribu”.
Hace varias décadas, el profesor estadounidense Robert. J Sternberg se refería a la educación, al cuidado del talento, a la inteligencia exitosa, como algo más amplio que lo que miden los tests de inteligencia, algo que va más allá del cociente intelectual, y que se refiere a la gestión de las emociones y a las virtudes de la acción, como la tenacidad, el esfuerzo o la resistencia a la frustración. Considera que las personas que tienen éxito en el cuidado de su talento, es decir, que tienen éxito en su proceso de aprendizaje, presentan características como las siguientes:
1.- No dependen de motivaciones externas, saben-pueden-quieren automotivarse.
2.- Aprenden a educar/controlar sus emociones. Por suerte, las emociones se entrenan. Por suerte, y por desgracia, ya que no figuran de manera explícita en el curriculum. No obstante, puede que nos ayude a todos, alumnos y profesores, aquello que decía B. Gracián, “de nada sirve que el entendimiento se avance, si el corazón se queda atrás”.
3.- Saben cuándo perseverar y cuándo deben cambiar de objetivo. El éxito no es de quien lo desea ni de quien lo quiere, si no de quien lo construye. Como decía L. da Vinci, “si una persona es perseverante, aunque sea dura de entendimiento, se hará inteligente; y aunque sea débil se transformará en fuerte”.
4.- Saben sacar el máximo provecho de sus capacidades, es decir, juegan bien sus cartas. Recordemos aquello que decía de las inteligencias múltiples.
5.- Traducen el pensamiento en acción. Fue J. W. Goethe quien dijo aquello de: “"No basta con saber, también hay que aplicar. No basta con querer, también hay que actuar."
6.- Se proponen objetivos concretos. Fijarse metas inteligentes es la clave de cualquier éxito. El acrónimo de smart (inteligente) resulta muy clarificador:
7. Completan las tareas. Recordemos ese viejo proverbio: “si tienes que tragarte un sapo vivo, de muy poco sirve sentarse y contemplarlo mucho rato”.
8.- Tienen iniciativa. La iniciativa consiste en hacer lo que es necesario hacer sin que nos lo manden ni insinúen. “La iniciativa enseña a actuar, y no solo a hablar”, en palabras de Séneca. La iniciativa se define como la acción de adelantarse a los demás en la palabra o en la acción. Un periodista le preguntó al multimillonario griego A. Onassis cuál era el secreto de su éxito. “¿Ve esa lámpara?”, le dijo abruptamente el interpelado. ‘Sí’, replicó el periodista. ‘Pues yo la vi primero’, fue la tajante y gráfica explicación del señor Onassis.
9.- No tienen miedo al fracaso. Véase la perseverancia.
Specific (especificas / concretas)
Measurable (medibles)
Achievable (alcanzables)
Realistic (realistas)
Timely (a tiempo / oportunas y prioritarias)
10.- No dejan las cosas para otro día. Recordemos, el sapo nos estará esperando.
11.- Aceptan las críticas justas, aprenden de ellas.
12.- Rechazan la autocompasión, no se aprende de ella. La autocompasión no es más que una respuesta paralizante ante un fracaso.
13.- Son independientes, es decir, no dependientes, tomas sus propias decisiones.
14.- Tratan de superar las dificultades personales, tienen una gran resiliencia, combinación de factores que permiten a un niño, a un ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida.
15.- Se concentran en sus objetivos. Recordemos el acrónimo smart.
16.- No tratan de hacer demasiadas cosas a la vez, ni demasiadas pocas. La dispersión de los esfuerzos no conduce al éxito.
17.- Tienen capacidad para aplazar la gratificación. Véase el principio del éxito del profesor W. Mischel, las personas que tienen la habilidad para aplazar la gratificación son los más propensos a tener éxito.
18.- Saben ver al mismo tiempo el bosque y los árboles, lo importante y lo urgente, el conjunto y el detalle…
19.-Tienen un nivel razonable de autoconfianza y de autoestima. Desarrollar la creencia de que puedes lograr cualquier cosa que desees, te hará volver esa idea realidad. Conjuga muy bien con la perseverancia.
20.- Equilibran el pensamiento analítico, el creativo y el práctico. Miran hacia Einstein, “solo la imaginación y la creatividad son más importantes que el conocimiento”. Pero, tienen muy en cuenta las palabras de Shakespeare, “somos lo que hacemos, no lo que decimos y, menos, lo que decimos que somos”.
Son estos los rasgos que proporcionan la consistencia que necesitan los pilares de las catedrales del talento, a las que me refería antes. Son los rasgos que permitirán a nuestros jóvenes alcanzar los aprendizajes necesarios para la sociedad del conocimiento: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a vivir con los otros. Los 4 tesoros que, según J. Delors, encierran nuestras catedrales del aprendizaje, nuestras escuelas e institutos, pero también nuestras escuelas de adultos, las escuelas en las jóvenes como todos vosotros mostráis, con vuestra pasión por seguir aprendiendo, la lucidez de aquellas palabras de M. Prèvost: “el corazón tiene la edad de aquello que ama”.
Decía al principio que debíamos pensar en los jóvenes que dejamos a nuestro mundo. Pues bien, ese tesoro que guardamos en nuestras catedrales, la educación y la formación, son el mejor legado para ellos, para todos vosotros. ¡Sintámonos orgullosos de nuestro trabajo!
Para finalizar, me permitiré 3 moralejas. La primera es una adaptación libre de uno de los grandes tesoros de nuestra literatura, El Quijote. Una dama viuda, cuando le reprocharon que se hubiera enamorado de un joven muy apuesto, pero tosco y sin estudios, respondió: para lo que yo lo quiero, mucha filosofía sabe, y más que Aristóteles. Conclusión, el modelo de crecimiento tramposo que hemos conocido ha terminado, “el que no tiene formación cualificada está condenado, es carne de ERE”. La segunda, es la constatación de que las demandas de la nueva sociedad del conocimiento han situado la educación y la formación a lo largo de toda la vida en el corazón de los derechos ciudadanos. Por ello, cuando la formación inicial es menos suficiente, resulta más imprescindible.
Tercera y última, la magnitud de la catedral que estamos levantando exige las aportaciones de todos, como dice el profesor Gabilondo, serán necesarios buenos profesores, buenas escuelas e institutos, buenos directores e inspectores, buenos libros, y subrayo, será necesario estudiar con esfuerzo, con exigencia y tesón.